Espero que disfrutéis con el relato.
VUELTA A DELHI
Como era el día nacional, no pudimos hacer gran cosa, ya que muchas cosas estaban cerradas. Fuimos a ver el minarete de Qutab, y también un centro comercial (Select Citywalk) bastante pichín donde vi una tienda de Ed Hardy, y tonta de mí no compré nada (y estaban al 70% de descuento). Era una señal que me ponía Ganesha, y yo sin darme cuenta.
Dormimos una noche, y a la noche siguiente, cogimos un tren rumbo a Amritsar.
| Qutab Minar |
AMRITSAR
Después de toda la noche en el tren, y el calor, y el cansancio, nos pusimos a buscar hotel o algo que se le pareciera. La ciudad en sí, a mi me pareció de lo peorcito, no veía nada que me gustara, encima fue uno de los días que menos católica estaba.
Por fortuna, aún me quedaba por ver el templo dorado, toda una maravilla de templo sij. Insisto, el calor era tremendo y yo creía que me daba algo, pero… era tan bonito. Es un templo de obligada peregrinación para los sijs (o sijes, que no sé cómo se dice), en la que al peregrino se le ofrece comida e incluso alojamiento. Los requisitos para entra al templo son, cómo no, descalzarse, y cubrirse la cabeza con un pañuelo.
| Templo dorado |
| La frontera con Pakistán |
Esa misma tarde fuimos al a frontera con Pakistán, a ver una especie de celebración que hacen India y Pakistán, un paripé en toda regla que a mí me sonaba a cachondeo (y eso que Pakistán no es para cachondearse mucho, qué miedito con tanto conflicto). Horroroso el viaje en una especie de todoterreno compartido con un holandés, una argentina, otro español y varios hindúes. Eso sí, me lo pasé pipa y se me olvidaron todos los dolores del día.
Aún volvimos al templo dorado por la noche… y tocaba dormir y descansar en el “maravilloso” hotel.
Al día siguiente, cogimos un súper bus camino de McLeod Ganj, al norte de la India, en la región de Himachal Pradesh, pegado a montañas, y donde vive el Dalai Lama. El trayecto fue cojonudo, tuvimos que dejar las mochilas arriba (y cuando digo arriba, digo al aire), y fue maravilloso que a 15 minutos de llegar, se pusiera a llover de lo lindo. Imaginad cómo acabó la ropa… Llegamos de noche, y como llovía, búsqueda de hotel, y a dormir, esta vez con mantita, que había un frío…
MC LEOD GANJ
Sólo os puedo decir dos palabras: paz y tranquilidad. La sorpresa que me llevé cuando abrí la ventana y vi todo fue enorme.
| La residencia del Dalai Lama, bien sencilla. Había reja, obviamente no se podía pasar. En ese momento se encontraba dando conferencias por Finlandia, creo. |
| McLeod Ganj |
Imaginaos, un pueblo de montaña, todo tranquilo, lleno de monjes tibetanos (muchos exiliados por culpa de los cabrones de chinos) que te transmiten paz y tranquilidad, todo limpio, sin coches, sin timadores casa 5 metros, encima una cocina tibetana estupenda, qué ricos los momos… Un lugar para DESCANSAR. Estuvimos dos días, que me supieron a poco, y por fin empecé a entender a todos los perroflautas que hablaban maravillas de la India. Así sí, hombre. Claro, es muy bonito decir que te encanta la India, e irte a un pueblo perdido en la montaña de retiro espiritual a hacer yoga o ponerte hasta el culo de chow-mein.
Eso sí, salir de este pueblo fue una auténtica pesadilla. Nos dijeron que había un bus directo que nos llevaría a un pueblo, desde el cual teníamos que coger un tren a Jaipur. Horror, era mentira, no se aclaraban. Resulta que los hindúes, cuando no saben algo, por agradarte se lo inventan. Error. Al final reconocimos a un hombre del pueblo (McLeod) al que le habíamos comprado cosas y que nos reconoció, y nos llevó literalmente DE LA MANO hasta nuestro destino. Fuimos con él en bus, y luego nos dijo qué trasbordo coger. Y es que los indios son así: los de zonas turísticas unos timadores, pero lejos de ahí, se comportan genial.
Y si, otra vez, un tren en sleeper class. La noche para mí fue algo dura, estábamos cerca de las puertas de salida del vagón, y muchos plastas se sentaban en mi litera (que era la de abajo) por lo que me despertaba. Si, ellos lo ven tan normal, pero a mí me estaba empezando a tocare las narices que invadieran mi espacio vital. Por no hablar de que siempre que vas a tu litera, hay gente sentada, muchos indios se suben al tren aunque estén en lista de espera, esperando que quede libre algún asiento. That’s India, sí señoritas...
JAIPUR
Conocida como la ciudad rosa, es la capital del estado de Rajastán. Es muy de maharajás, de hecho el hotel en el que estuvimos era un hotel-palacio, muy bonito y probablemente el más espectacular de toda nuestra estancia en la India (por un precio correcto, imaginad si invertís algo más).
Visitamos el palacio de los vientos, el museo Albert Hall, Jantar Mantar (un observatorio) y también el fuerte Amber. Pateamos mucho y recorrimos muchos mercadillos. A estas alturas regateábamos como queríamos, aunque incluso los señores autobuseros te intentaban timar 5 rupias de más (que ya es triste), que por no discutir lo dejábamos pasar.
| El palacio de los vientos. |
| El fuerte Amber. |
| Panorámica de la ciudad (muy rosa no se ve). |
Y por fin, el último tren de todo el viaje. Esta vez caí como un tronco, estaba agotada. Soy incapaz de dormir cuando entra un rayo de sol por la persiana, pero en esos trenes yo dormía con el traqueteo, con los gritos, con las luces y con todo, increíble.
UDAIPUR
Udaipur pertenece también al Rajastán, es un poco por el estilo pero a menor escala. Visitamos el palacio real, los lagos y callejeamos, cómo no. Además hicimos excursión en bus local (que es mucho más exótico) a Ranakpur, para ver un templo janinista simplemente impresionante (creo que es el más grande la India). Si algún día tenéis intenciones de ir ahí, que sepáis que son bastante estrictos con la indumentaria, y que nada de enseñar las rodillas. Una manga corta también es más adecuada que unos tirantes.
| Vista de uno de los lagos de la ciudad. |
| Templo de Adinath en Ranakpur |
A estas alturas del viaje estaba agotada, no podía ni con el alma, Mis zapatillas estaban para la basura, mis calcetines hechos un asco (se me tiñeron todos de las zapatillas, que eran negras), y la ropa ni os cuento. Además en Udaipur me tuve que duchar con agua fría, lo del agua caliente es un lujo, como ya os dije.
De Udaipur, en tren hasta Bombay. Esta vez, como llegábamos a una hora razonable, fuimos hasta el hotel en tren, mucho más barato. El hotel era el mismo de la ida.
VUELTA A BOMBAY
La vuelta a Bombay fue mi reconciliación con la ciudad. Después de haberla puesto a parir a la ida, tenía que reconocer que no era tan horrenda como recordaba, ni tan sucia ni tan caótica, y es que un mes dando vueltas por la India, por pueblos de mala muerte, habían hecho su efecto. Nos dedicamos a las compras de última hora, yo opté por comprar los pantalones en una tienda “de verdad”, que me daba más garantías que un puesto callejero. Algunos pañuelos… y poco más. Se pueden comprar muchas chorradas en la India, pero como ya estaba tan cansada, no tenía ni ganas de regatear.
Comimos bien y dormimos mejor. Si hasta el hotel me parecía la leche. La habitación estaba mucho mejor que la que nos dieron a la ida.
Y esta vez sí… fin de nuestro viaje a la India, previa parada técnica en Bruselas. Tooodo el peso perdido lo medio recuperamos a base de gofres, patatas fritas, chocolate y cerveza, y es que pillé con unas ganas el chocolate. Imaginaos un mes sin probar el chocolate.
Este ha sido mi viaje. Espero que hayáis disfrutado de él y que os haya gustado el relato.
Un besote muy fuerte a todas!