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viernes, 7 de octubre de 2011

Mi viaje a la India (y 4)

No, no había acabado con mi viaje a la India. Aún me quedaba por relatar parte de él, que ya he resumido bastante porque casi todo lo novedoso estaba en los primeros posts.
Espero que disfrutéis con el relato.



VUELTA A DELHI
Como era el día nacional, no pudimos hacer gran cosa, ya que muchas cosas estaban cerradas. Fuimos a ver el minarete de Qutab, y también un centro comercial (Select Citywalk) bastante pichín donde vi una tienda de Ed Hardy, y tonta de mí no compré nada (y estaban al 70% de descuento). Era una señal que me ponía Ganesha, y yo sin darme cuenta.
Dormimos una noche, y a la noche siguiente, cogimos un tren rumbo a Amritsar.

Qutab Minar


AMRITSAR
Después de toda la noche en el tren, y el calor, y el cansancio, nos pusimos a buscar hotel o algo que se le pareciera. La ciudad en sí, a mi me pareció de lo peorcito, no veía nada que me gustara, encima fue uno de los días que menos católica estaba.
Por fortuna, aún me quedaba por ver el templo dorado, toda una maravilla de templo sij. Insisto, el calor era tremendo y yo creía que me daba algo, pero… era tan bonito. Es un templo de obligada peregrinación para los sijs (o sijes, que no sé cómo se dice), en la que al peregrino se le ofrece comida e incluso alojamiento. Los requisitos para entra al templo son, cómo no, descalzarse, y cubrirse la cabeza con un pañuelo.

Templo dorado
La frontera con Pakistán
Esa misma tarde fuimos al a frontera con Pakistán, a ver una especie de celebración que hacen India y Pakistán, un paripé en toda regla que a mí me sonaba a cachondeo (y eso que Pakistán no es para cachondearse mucho, qué miedito con tanto conflicto). Horroroso el viaje en una especie de todoterreno compartido con un holandés, una argentina, otro español y varios hindúes. Eso sí, me lo pasé pipa y se me olvidaron todos los dolores del día.
Aún volvimos al templo dorado por la noche… y tocaba dormir y descansar en el “maravilloso” hotel.
Al día siguiente, cogimos un súper bus camino de McLeod Ganj, al norte de la India, en la región de Himachal Pradesh, pegado a montañas, y donde vive el Dalai Lama. El trayecto fue cojonudo, tuvimos que dejar las mochilas arriba (y cuando digo arriba, digo al aire), y fue maravilloso que a 15 minutos de llegar, se pusiera a llover de lo lindo. Imaginad cómo acabó la ropa… Llegamos de noche, y como llovía, búsqueda de hotel, y a dormir, esta vez con mantita, que había un frío…

MC LEOD GANJ
Sólo os puedo decir dos palabras: paz y tranquilidad. La sorpresa que me llevé cuando abrí la ventana y vi todo fue enorme.

La residencia del Dalai Lama, bien sencilla. Había reja, obviamente no se podía pasar. En ese momento se encontraba dando conferencias por Finlandia, creo.

McLeod Ganj
Imaginaos, un pueblo de montaña, todo tranquilo, lleno de monjes tibetanos (muchos exiliados por culpa de los cabrones de chinos) que te transmiten paz y tranquilidad, todo limpio, sin coches, sin timadores casa 5 metros, encima una cocina tibetana estupenda, qué ricos los momos… Un lugar para DESCANSAR. Estuvimos dos días, que me supieron a poco, y por fin empecé a entender a todos los perroflautas que hablaban maravillas de la India. Así sí, hombre. Claro, es muy bonito decir que te encanta la India, e irte a un pueblo perdido en la montaña de retiro espiritual  a hacer yoga o ponerte hasta el culo de chow-mein.
Eso sí, salir de este pueblo fue una auténtica pesadilla. Nos dijeron que había un bus directo que nos llevaría a un pueblo, desde el cual teníamos que coger un tren a Jaipur. Horror, era mentira, no se aclaraban. Resulta que los hindúes, cuando no saben algo, por agradarte se lo inventan. Error. Al final reconocimos a un hombre del pueblo (McLeod) al que le habíamos comprado cosas y que nos reconoció, y nos llevó literalmente DE LA MANO hasta nuestro destino. Fuimos con él en bus, y luego nos dijo qué trasbordo coger. Y es que los indios son así: los de zonas turísticas unos timadores, pero lejos de ahí, se comportan genial.
Y si, otra vez, un tren en sleeper class. La noche para mí fue algo dura, estábamos cerca de las puertas de salida del vagón, y muchos plastas se sentaban en mi litera (que era la de abajo) por lo que me despertaba. Si, ellos lo ven tan normal, pero a mí me estaba empezando a tocare las narices que invadieran mi espacio vital. Por no hablar de que siempre que vas a tu litera, hay gente sentada, muchos indios se suben al tren aunque estén en lista de espera, esperando que quede libre algún asiento. That’s India, sí señoritas...

JAIPUR
Conocida como la ciudad rosa, es la capital del estado de Rajastán. Es muy de maharajás, de hecho el hotel en el que estuvimos era un hotel-palacio, muy bonito y probablemente el más espectacular de toda nuestra estancia en la India (por un precio correcto, imaginad si invertís algo más).



Visitamos el palacio de los vientos, el museo Albert Hall, Jantar Mantar (un observatorio) y también el fuerte Amber. Pateamos mucho y recorrimos muchos mercadillos. A estas alturas regateábamos como queríamos, aunque incluso los señores autobuseros te intentaban timar 5 rupias de más (que ya es triste), que por no discutir lo dejábamos pasar.

El palacio de los vientos.

El fuerte Amber.

Panorámica de la ciudad (muy rosa no se ve).

Y por fin, el último tren de todo el viaje. Esta vez caí como un tronco, estaba agotada. Soy incapaz de dormir cuando entra un rayo de sol por la persiana, pero en esos trenes yo dormía con el traqueteo, con los gritos, con las luces y con todo, increíble.

UDAIPUR
Udaipur pertenece también al Rajastán, es un poco por el estilo pero a menor escala. Visitamos el palacio real, los lagos y callejeamos, cómo no. Además hicimos excursión en bus local (que es mucho más exótico) a Ranakpur, para ver un templo janinista simplemente impresionante (creo que es el más grande la India). Si algún día tenéis intenciones de ir ahí, que sepáis que son bastante estrictos con la indumentaria, y que nada de enseñar las rodillas. Una manga corta también es más adecuada que unos tirantes.

Vista de uno de los lagos de la ciudad.

Templo de Adinath en Ranakpur

A estas alturas del viaje estaba agotada, no podía ni con el alma, Mis zapatillas estaban para la basura, mis calcetines hechos un asco (se me tiñeron todos de las zapatillas, que eran negras), y la ropa ni os cuento. Además en Udaipur me tuve que duchar con agua fría, lo del agua caliente es un lujo, como ya os dije.

De Udaipur, en tren hasta Bombay. Esta vez, como llegábamos a una hora razonable, fuimos hasta el hotel en tren, mucho más barato. El hotel era el mismo de la ida.

VUELTA A BOMBAY
La vuelta a Bombay fue mi reconciliación con la ciudad. Después de haberla puesto a parir a la ida, tenía que reconocer que no era tan horrenda como recordaba, ni tan sucia ni tan caótica, y es que un mes dando vueltas por la India, por pueblos de mala muerte, habían hecho su efecto. Nos dedicamos a las compras de última hora, yo opté por comprar los pantalones en una tienda “de verdad”, que me daba más garantías que un puesto callejero. Algunos pañuelos… y poco más. Se pueden comprar muchas chorradas en la India, pero como ya estaba tan cansada, no tenía ni ganas de regatear.
Comimos bien y dormimos mejor. Si hasta el hotel me parecía la leche. La habitación estaba mucho mejor que la que nos dieron a la ida.

Y esta vez sí… fin de nuestro viaje a la India, previa parada técnica en Bruselas. Tooodo el peso perdido lo medio recuperamos a base de gofres, patatas fritas, chocolate y cerveza, y es que pillé con unas ganas el chocolate. Imaginaos un mes sin probar el chocolate.

Este ha sido mi viaje. Espero que hayáis disfrutado de él y que os haya gustado el relato.
Un besote muy fuerte a todas!

viernes, 9 de septiembre de 2011

Mi viaje a la India (3)

Llevo unos días sin hacer post de la India… se me acumula el tajo, así que voy a seguir un poquito.

BODH GAYA
Como os comenté, es un lugar santo del budismo, donde le vino la inspiración al príncipe Siddharta. A mi sinceramente no me vino ninguna inspiración, es más, no paró de llover en toooodo el día, acabé con los pies empapados (como si estuvieran metidos en un charco), lo cual no resulta muy cómodo que digamos.


Gran Budah (arriba) y templo de Mahabodhi (abajo)

Aquí tuvimos un pequeño rifi rafe con un autoricksaw. De Gaya (donde llegamos en tren) a Bodh Gaya es necesario coger un rick saw compartido. A la ida fuimos a un precio razonable (oficial), pero a la vuelta, el mismo chavalín ya no nos quería llevar por el mismo precio, porque su “jefecillo” (un notas de poco más de 17 años) le decía que por ese precio no, que nos fuéramos andando. Apareció un profesor de colegio (benditos profesores) que nos echó una mano, dio la cara por nosotros, le dijo al capullo ese que cómo nos trataba así, y que consiguió que volviéramos al pueblo al precio oficial. Por supuesto, ahí no acabó la cosa. Una vez que llegamos a Varanasi (en tren desde Gaya) tuvimos que coger otro ricksaw compartido (con otras 3 personas). Acordamos un precio, 35 rupias en total. Llegamos al destino, le doy las 35 rupias y me mira raro. Me dice que nanay, que son 100, luego que son 35 por persona. Se empieza a arremolinar gente alrededor. “It’s not truuuu”, me dice un desdentado. Ay ay ay que me estoy cagando. El conductor nos tira el dinero, mi novio se lo tira. Yo me empiezo a poner nerviosa. “Call the police”, dice el conductor. “Vale, call the police, dice mi novio. Obviamente ni police ni leches, nos fuimos y ahí se quedaron, porque como os dije, son muy escandalosos pero inofensivos. Yo estuve mirando por encima del hombro todo el rato, con la paranoia de que nos iban a seguir, pero nada de nada.

Después de un largo día, y del frío que tenía, sólo estaba pensando en una ducha calentita. Pero como en la India las 24 horas de agua caliente son un lujo, y hay hasta toques de queda, pues no me quedó otro remedio que ducharme con agua fría. Biennn, yuhuuuu.

A la mañana siguiente, tuvimos que volver al aeropuerto de Varanasi, después de regatear de lo lindo con los auto ricksaws, y es que los desplazamientos en la India son una comedura de tarro. Traduciendo a euros, todo es poco, por eso es un error traducir a euros, en la India te tienes que mentalizar de que los precios son diferentes, porque si no acabarás pagando muuucho más.

Volábamos a Khajuraho…

KHAJURAHO
La peculiaridad de este sitio es que tiene un gran número de templos hinduistas con esculturas eróticas. Yo me espera una orgía de posturas, pero a la hora de la verdad, al final no hay tantas…
Así como Varanasi tiene el mayor número de perroflautas por m2, Khajuraho lo tiene de niños plastas. Montones de niños ociosos que no tienen otra cosa que dar por el saco. Te siguen y te empiezan a hablar inglés, con la excusa de que les viene bien para practicar, te siguen a donde haga falta y no te dejan ni un rato a solas. Nosotros fuimos “víctimas del timo del niño plasta”, que te cuenta cuatro chorradas en castellano para hacerse el cachondo: cada de la vaca, coca cola loca. Cuando le dijimos que la Lonely Planet era buenísima, dijo que no, que contaba muchas mentiras, que no todos eran iguales (es que la Lonely te avisa de estos “timos” así como te advierte de que tienes que regatear). Todo para una hora después, soltarte que si le das una ayuda para los estudios. Mira, niño, si quieres una ayuda para los estudios, deja la moto (que el jodío tenía moto) y estudia más.


Éstos son templos gratis que había por el pueblo 

Ponno del duro... 

Estos templos son de pago, son lo que tienen más imágenes erótico-festivas.

Creo recordar que también fui casi víctima del “hombre que te ofrece papel del culo en el baño de los templos de pago”. Porque aquí, casi todo lo que te ofrecen, NO es gratis. Los que te bendicen y te ponen un círculo rojo en la frente, también cobran (el equivalente exótico de las gitanas con sus ramitas de romero).
El hotel para llorar. Así no hay manera de que alguien se ponga a tono, por mucha posturita sexual que veas… Las sábanas de pena, con unos lamparones que daban miedo.

De Khajurajo, teníamos que coger un par de trenes para llegar a Agra. El Taj Mahal estaba más cerca. Salir de ahí fue horroroso, el primero de los trenes tuvo un retraso de dos horas, y casi no llegamos al segundo.

AGRA
Por fin Agra. Llegamos por la noche, regateo con el auto ricksaw de turno (porque aunque fuimos a uno prepagado, incluso esos se pueden regatear, de lo oficionales que deben ser). Y no encontrábamos el hotel… “Ay madre, que nos han timado, que el hotel no existe”. “Calla agonías, que tiene que estar por aquí”. No me extraña que no lo viéramos: el hotel era la cuarta planta de un edifico a medio completar. Pero qué hotel, qué limpio, qué nuevo y qué de todo. Sábanas impecables, ducha de verdad… Lo de la ducha de verdad lo digo en serio, que el concepto de ducha en los países asiáticos (y en otros hoteles de Europa, vamos) se reduce a alcachofa en medio del baño y fin, y a mojarlo todo… Pero no es creáis que un hotel pichi se libra de que la intenten meter doblado, no, no. Uno de los conserjes nos dio mal la cave de la wifi (gratuita) para amablemente cedernos el ordenador de recepción. Luego nos lo quiso cobrar. Por supuesto, no le pagamos.

El primero día vimos el fuerte, con vistas al Taj Mahal, y fuimos a la otra orilla del río ¿Yamuna? a ver el Taj desde el otro lado. Espectacular. Y más aún de cerca. A mí no me decepcionó, todo lo contrario. Tenía un poco de miedo de que me pareciera pequeño o algo así, pero no, es espectacular, es una barbaridad, es la muestra de amor más salvaje que he visto nunca. Ese emperador loco quería hacer una réplica en mármol negro, pero no sé si murió antes o no le dejaron, porque arruinaba la ciudad.
Y como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo que lo veáis en todo su esplendor…

El fuerte de Agra.

El Taj Mahal desde el otro lado del río.

Las 7 de la mañana en el Taj Mahal. Os prometo que no es una foto de la wikipedia.

Otro punto de vista.

El último día lo dedicamos a visitar Fatehpur Sikri, es una cuidad mongol a 35 km de Agra, con una mezquita donde se encuentra ubicado el 90% de la población más plasta de la India: entre descalzarse, taparse las rodillas y lo que haga falta, se encargan de que tu visita sea lo más acogedora posible. Yo iba de largo y no me podían decir nada, pero se encargan de darte mal de más formas. Un niño plasta me dice que si esto es un sitio religioso, que quiere practicar inglés conmigo, y que sea respetuosa, que bla bla bla, a lo que le dije que qué sabía él de mi espiritualidad, que igual era más religiosa que él, y que ya me conocía el timo del niño que quiere aprender. Lo jodido es que encima se cabrean y te dicen que no todos son iguales, todos no, pero el 80% en torno al turismo, sí. Y es que al final, te saturan y te cansan, te cansan mucho.

Fatehpur Sikri.

Lo siento chicas, este post me ha salido algo más serio y soso, es que a estas alturas ya estaba tan integrada que me lo tomaba todo a cachondeo. Espero que hayáis disfrutado con las imágenes del Taj, aunque no le hacen justicia. Es una maravilla con todos los honores.
Besos!

domingo, 4 de septiembre de 2011

Mi viaje a la India (2)

DELHI
El siguiente paso después de Aurangabad fue coger un vuelo hacia Delhi.
La primera sensación que me dio fue buena, ya que hicieron hace poco el metro, y claro, nada más bajarnos del avión, lo cogimos para ir a nuestro hotel, cercano a una de las estaciones de tren. El metro nuevo, impecable, limpio. Vamos, genial.
Pero claro, conforme salimos del metro, y empezamos a subir por las escaleras hacia la calle, ya nos encontramos otra vez con la cruda realidad de basura amontonada, y olor a basura (y a todo). Porque en un país en el que gran parte de su población no dispone de baño, imaginaos dónde hace la gente sus cosillas.

A mi Delhi me gustó mucho, lo veía mil veces mejor que Bombay. En realidad, a mi me gustaba Nueva Delhi: grandes avenidas, amplitud, menos tráfico, más limpio, pero mucha menos vidilla. Old Delhi era otra cosa, más de lo mismo: caos, suciedad, mugre… ¿Os imagináis estar todo el día dando vueltas por ahí, con el calorazo, la humedad ambiental, con la polución? Las duchas del final del día eran una bendición. Además, como era época de monzones, de vez en cuando te caía algún chaparrón que para lo único que valían era para que se te calaran los pies (tengo las deportivas destrozadas). Gracias a los barrizales que se formaban, no he podido recuperar ni un triste calcetín del viaje. Todos para el arrastre. Si alguien tiene un remedio que me lo diga, que yo no sé cómo recuperarlos.

En Delhi fuimos a ver el Lotus temple, un remanso de paz. Es bahaí (o algo así), y por lo que he leído en Internet intenta aunar varias religiones. También fuimos a ver la tumba de Humayun, y vimos el fuerte rojo pero por fuera. También museos (el de Indira Gandhi. No, no era familiar del otro Gandhi) y la puerta de la India.
Lotus temple, un remanso de paz y limpieza en medio de tanta inmundicia.
La tumba del tal Humayun, o intento de hacer foto con reflejo en el agua.
El Fuerte Rojo, preparándose para la fiesta nacional del día 15.
Fue aquí donde tuvimos nuestro primer encuentro con todo el esplendor del picante: pollo al curry entre otras cosas que lo único que sé es que me destrozaron. Primer encuentro con el picante, y primeros problemillas estomacales. Porque mira que he estado en México, pero esto era otra historia. La comida sabía buena, pero sentaba como el culo (con perdón). Aggg.

Old Delhi.
De Delhi, otro avión interno, esta vez a Varanasi.

VARANASI/BENARÉS
Desde el aeropuerto tuvimos que coger un taxi prepagado, que compartimos con dos extranjeras para que nos saliera a cuenta. Mi novio tuvo la suerte de sentarse en el asiento del copiloto, compartiendo plaza con el “jefe” del taxista (que no el conductor). Maravilloso.
Como ya sabréis, Varanasi es un centro de peregrinación, bañado por el Ganges, un señor río y bastante lleno de mierda, que me perdonen los hindúes. También es la ciudad con más perroflautas por metro cuadrado, y dicho con todo el cariño. De hecho, para sobrevivir en la India te tienes que volver un poco perroflauta, porque como vayas con remilgos, la llevas clara. Como diría Rambo, he comido cosas que harían vomitar a una cabra. En mi caso, he ido a baños que harían suicidarse a una cabra.

Lo del río no es para menos: arrojan las cenizas de los cadáveres, y si no llega para la leña (porque ellos quieres que se utilice leña para quemar los cadáveres, lo de los crematorios no les mola) pues el cadáver entero. Además, hay determinada gente a la que no se incinera: mujeres embarazadas, niños, santones, leprosos y los que han sido mordidos por una serpiente. Eso nos contó un simpático hindú en uno de los Ghats, para acto seguido pedirnos una ayudita para leña. Porque aquí todo el mundo te pide algo: “ten rupeees”, “Chocolate”, “pen”. Muy habitual que estés poniéndote las botas en un restaurante y que una afable mujer con el niño a cuestas te mire con esos ojos negros intensos pidiéndote comida. Yo me hacía la dura, pero os juro que acababa soñando que tenía niños en la habitación pidiéndome comida. Porque la cruda realidad te acaba afectando.
Se avecina una tormenta

Un baño purificador. Dejémoslo en un baño a secas.
El río les vale para todo: se bañan y rebañan, se lavan los dientes, el pelo, purifican los cadáveres y toman pequeñas cantimploras para llevarlas a los templos de peregrinación. Yo por si acaso no metí ni la punta del dedo gordo del pie. Ellos estarán inmunizados, pero yo no me fiaba.
Las calles de Varanasi son un intrincado laberinto de callejuelas estrechas, llenas de puestos con vendedores cansinos (pero muy cansinos), puestos de comida, casas de huéspedes y vacas, muchas vacas, y mierda de vaca., claro. Les tengo que agradecer que se me pusiera un ojo hinchado. No sé lo que toqué (me lo imagino, con eso es suficiente), pero me rasqué el ojo (error) y aún me estoy dando gotas para que se me cure.
En la ciudad vimos lo típico, la ceremonia de las 7 de la tarde, cómo incineraban a una mujer en el Manikarnika… Nada, lo habitual, ejem ejem. Obviamente está prohibidísimo hacer fotos de las cremaciones (bastante tengo con la imagen en mi retina), por tema de respeto. Si, claro, respeto. Por eso vimos a 5 hindúes hacerse una foto con la pobre mujer a la que minutos después vimos quemar. Menudo cachondeo.
Cruza si te atreves. Resultado de una simpática lluvia.
Os imaginaréis que a estas alturas estaba tan embrutecida que había perdido hasta la capacidad de asombro. Las ratas no me daban asco, me hacían gracia, y si pisaba una mierda me descojonaba. Además, cruzaba la calle sin mirar y con coches pasando, y os aseguro que soy de las que se espera a que se ponga en verde aunque no haya coches en 10 km a la redonda. Y que me perdonen… pero hasta tiraba la basura al suelo. Una cerdada. La Vane totalmente integrada. Ya sólo me faltaba mascar tabaco y escupirlo, una costumbre bastante cerda que lo deja todo lleno de ñapos colorados. Incredible India. Y tan incredible…

Eso sí, la comida, una vez más, excelente: arroz biryani, pakoras de verduras, naan, paratha, y lassies, muchas lassies (son una especia de yogures líquidos, muy muy buenos). Si te alejabas un poco del picante tu estómago lo agradecía.

He de decir que la ciudad tiene un ambientillo que engancha. No, no me cambió la vida, ni encontré la inspiración divina, pero engancha. Además, entablar conversación con cualquier español viajando en tus mismas circunstancias es muy fácil, porque la adversidad une, por lo que te vas topando en el camino con gente muy maja. La pena fue que al ser época de monzones, el Ganges estaba muy crecido, y apenas se veían escalones de los Ghats, que es el punto fuerte de la ciudad. Para las mañicas, es como si el Ebro hubiera crecido y no pudieras ir por la pasarela que va paralela al río. Una penica.

Un día lo dedicamos a ver Bodh Gaya. Es un lugar santo del budismo porque según su credo allí alcanzó la iluminación el príncipe Siddharta, quien habría de convertirse en Buda (copiado tal cual de la Wiki). Pero esto lo dejo para otro post, porque este ya me ha salido bastante largo, que hoy he pillado carrerilla.

Hasta la próxima!

sábado, 3 de septiembre de 2011

Mi viaje a la India (1)

Hola chicas!!
Aquí va mi primera entrada sobre mi viaje a la India. Voy a intentar resumirlo lo posible, que tampoco es plan de aburriros demasiado.

El viaje fue por nuestra cuenta, aunque planificado al detalle por mi novio: hoteles, trenes, vuelos internos... Por una parte te evitas tener que pensar después, pero por otra no te permite improvisar y alargar la estancia en alguno de los lugares.

No sé si alguna habréis estado en la India, yo sabía de gente que había estado y sabía que no dejaba indiferente, que la amabas o la odiabas, así que yo ya me había mentalizado para lo peor. Primero, con ryanair fuimos a Bruselas, donde pasamos un par de días y ya cogimos el vuelo hacia Bombay.

MUMBAI/BOMBAY
Llegamos a la 1 de la mañana, y cogimos un taxi prepagado debido a que ya no había trenes u otra opción más viable. Salimo al exterior, y montones de taxistas esperaban como buitres, me sentí casi como Vicky Beckam.
Nos dirigimos a nuestro taxi (tela el taxi), tardamos en llegar al hotel unos 50 minutos. Yo veía los edificios medio mal, y me decía que a lo mejor era porque eran las afueras. Las afueras, qué ilusa.
¿Y qué se ve a esas horas? Todo cerrado, gente durmiendo donde podía, ratas correteando, y basura amontonada. El taxista llega al hotel lo pasa de largo y se para en otra calle, haciéndose el loco y preguntando a un grupo de hombres que dónde estaba. Ya empezamos, el timo de tu hotel está completo y te llevo a otro cojonudo. Nod e coña. Nos bajamos y arreando (estaba cerca). El hotel, bastante caro (Bombay es caro), pasable, las sábanas limpias pero se me ocurrió mira dentro de la funda de la almohada y casi me da algo (almohadas marrones). No me considero especialmente aprensiva, pero el tema de las sábanas y toallas de hoteles lo llevo mal XD.
Al día siguiente, decidimos explorar la ciudad: caos circulatorio, coches y más coches, motos, todos tocando la bocina a modo de intermitente y señalizando "allá voy". Imaginaos en una cuidad con casi la población de España. Basura tirada por las calles, vacas anoréxicas campando a sus anchas (un san Fermín a cámara lenta, como diría Leo Harlem) y literalmente mierda de vaca por todos los lados. Gente en cuclillas que te extiende la mano a su paso, hindúes curiosos que te miran como si no hubieran visto un blanco en su vida. Cruzar las calles parando a los coches con la mirada, y una mezcla de olores, tan pronto curry como de repente basura... Barrios chabolistas a un paso del paseo marítimo, con gente viviendo como podía. Señoras, eso es Bombay, una de las ciudades más caras del mundo pero donde sólo unos pocos privilegiados viven bien.


La puerta de la India.

El lavadero. Yo pierdo calcetines en mi lavadora pero ellos no pierden nada lavando la ropa de una ciudad. Increíble.

En esos momentos, me hubiera vuelto a España corriendo si hubiera hecho falta. ¿Un mes así? Madre del amor hermoso.

Me acordaba de Ana Torroja, con su chorrada de Hawaiii Bombay son dos paraísos, y me entraban ganas de regalarle un billete a Bombay para que lo viera de cerca.

Dos días después cogimos un tren en clase sleeper, con literas para poder dormir. El tren para mí un espectáculo, cochambroso a más no poder, pero no tan malo como me esperaba. La gente del tren bastante curiosa (“Which country?””Are you married”), pero totalmente inofensivos. De hecho, en general los hindúes, aunque bastante cansinos (en especial los que te quieren vender souvenirs) carecen de malicia y son bastante inofensivos. Te intentan timar, tangar y cobrar más de la cuenta, pero son inofensivos XD. No, de verdad. Sobre todo los que se encuentran en núcleos de población más apartados. De hecho, somos mucho más malos nosotros que ellos. Mira que cuando conducen casi se dan, pero a pesar del caos, se organizan. A nosotros se nos cruza un coche de malas maneras y nos falta poco para llegar a las manos.

AURANGABAD
Dos días después fuimos a Aurangabad. La ciudad en sí no tiene mucho interés, más de lo mismo pero a pequeña escala. El hotel aquí algo peor aunque pasable. Nos estábamos empezando a acostumbrar.

Desde esta ciudad fuimos a visitar las cuevas de Ajanta y Ellora, para lo cual recurrimos al bus local. La llegada a la estación fue tremenda, imaginaos, dos blancos a las seis de la mañana en una estación de mala muerte, intentando coger un autobús, a lo que nos decían que era imposible, que había que contratar un taxi privado. Peeeeero un profe de universidad nos dijo qué autobús coger porque él cogía el mismo. Un hombre majísimo, en serio.

Las cuevas simplemente espectaculares, excavadas en la roca. Las de Ajanta están en el interior de un valle, y las de Ellora son aún más espectaculares, especialmente el templo central. Como Petra sea aún más espectacular, no me lo quiero ni imaginar.


Las cuevas de Ajanta vistas desde una colina. La imagen no hace justicia a la realidad.


Las cuevas de Ellora (un conjunto de templos hinduistas, budistas y jainistas). Esta de abajo es la principal y más grande.

Aquí finaliza mi primer post de la India. Si queréis información ampliada no dudéis en preguntar. En un par de días, más! Espero no haberos aburrido demasiado.