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viernes, 9 de julio de 2010

Jueguetes de Nuestra Infancia - 4ª Parte

Los osos amorosos. Y yo seguía diciendo que donde hubiera soldados se fueran los osos a tomar viento...
Ni una sola de revista de Petete tuve. Y mira que me gustaban. La hija de unos amigos de mis padres las tenía todas y yo alucinaba. Años después descubrí que Javi tenía toda la colección y ¡ohhhhhhhh qué guay! jaja Hasta que sus sobrinos hicieron pedazos la mitad... ¡Qué pena!
¡Cómo molaban! Aunque yo estos no tuve. Como siempre, imitación... Los chinos de antes xD
Estos los tenían mis primos pero nunca cayeron en casa...
... nos teníamos que conformar con estos sobrecitos de soldados y los de indios que por 5 duros nos comprábamos en el kiosko en el pueblo de mis abuelos.
Cosa más maaaaaaaaaaala. ¿Por qué nos daban a probar esto?

Si a mi lo único negro que me gustaban eran las moras xD

Los mejores chicles del mundo.

Venga, confesaos ¿quién no tuvo un biberón de estos que si lo ponías de pie estaba vacío y si lo tumbabas tenía leche? xD

Chupa y chupa el chocolate y cuando llegabas al cacahuete volaba por la ventana xD
Ostras los bandoleros de cola eran increíbles. Se te saltaba la lagrimilla.
El mejor invento del mundo. ¡Cuántas meriendas con Nocilla!

Otra confesión ¿Quién no la tuvo? xDDDDDD

Drogadicta de este pastelito desde que tengo uso de razón.

Molaba mogollón soplar la pelotita. El rollo era cuando hacía viento, que la pelota no se estaba quieta.
Jaja con la bola loca también nos hacíamos morados en la frente.

Juguetes de Nuestra Infancia - 5ª Parte

La de trampas que podíamos llegar a hacer con este juego, madre mía. Yo siempre acababa en la cárcel mientras mis hermanos compraban el Museo del Prado.. ¡Increíble!Cuando tenía 5 o 6 años nos regalaron una a mi hermana y otra a mi. La mía no duró ni una semana. Le arranqué la cabeza para ver qué tenía dentro.
Las muñecas de Famosa ¿Quién no tuvo una? Yo, después de cargarme a la Nancy mis padres decidieron optar por regalarme otro tipo de juegos para compartir con mi hermano.Como el Scalextric o el tren con sus vías y todo. ¡Qué bonito! El Scalextric tuvo mucho éxito los 5 primeros minutos hasta que mi coche azul sufrió un accidente grave y se le rompió el alerón. Intenté persuadir a mi hermano para hacer un cambio pero no coló. Se chivó a mi padre el muy cabrito.
También jugábamos a los trompos pero... el mío no bailaba ni a la de tres y me cogía cada mosqueo....
Lo mío eran las chapas. Mi hermano y yo nos dedicábamos a barrer el suelo del bar que había al lado del pueblo de mis abuelos para poder hacer carreras.
A falta de canicas nosotros jugábamos con petos (de metal). Mi padre es mecánico y teníamos cientos de ellos. El problema venía cuando no distinguíamos de quién era la canica ganadora... No lo resolvíamos hablando, por supuesto.
Entre torta y torta nos tomábamos un Petazeta que suplicábamos a mis padres. Antes no se conseguían las chucherías con la facilidad de ahora.

Este no lo tuve de pequeña pero si mis primos. Como no era capaz de resolverlo le arranqué un cubito intentando resolverlo a mi manera... El año pasado Javi compró uno y ahí está en la estantería cogiendo polvo.
Tampoco los tuve, pero si mi prima. Ella insistía en jugar a estos juegos pero yo era más cafre que todo eso...
Tampoco lo tuve ¡por desgracia! Deseaba cada finde que mis padres quedaran con sus amigos porque el hijo pequeño tenía una y podíamos jugar al Donkey Kong. Wooow, cómo molaba.

Mi hermano y yo tuvimos una maquinita de las otras más sencillas. Pero como éramos tan tan investigadores cogimos un destornillador y luego no cabían todas las piezas.
¡Ufffffff! Me encantaban estos caramelos, pero lo que más la lata. Era donde metíamos las pesetas que nos daban los abuelos. ¡Qué ruido hacían! xDDD
Tampoco tuve una pero fue lo más en su época. El que tenía una era el Rey. Nosotros, como casi todo, teníamos la imitación xD
¡¡El de pescar lo tenía!!



El pony este no lo soportaba. Mi prima tenía uno y me parecía un juguete de lo más tonto.
¡Dios, qué recuerdos! Y de los malos jajaja.

Como era tonta hasta la médula me empeñé (a pesar de los consejos de mi madre) en llevármela al centro cuando se disponía a hacer compras varias. En la puerta de una antigua cuchillería me despisté y no sabía dónde estaba. Total, que me perdí por culpa de la puñetera bota.

Cuando estaba al borde de bañar la calle en lágrimas apareció un amigo de mis padres que me llevó a su casa, me invitó a una horchata y desde allí llamó a mis padres para que me recogieran.
Ayyyyyyyy, me encantaba el balón saltador. Oye, lo que podías llegar a saltar con esto y la de espinillas echadas abajo, chichones en la cabeza, arañazos y cómo no, tirones de pelos con mi hermano.

¡Aquellos maravillosos años!

jueves, 8 de julio de 2010

Juguetes de Nuestra infancia - 1ª Parte

Era buena para darle tobas a los colegas y compañeros de pupitre. En casa su uso era más limitado porque cada mancha que dejaba la mano en la pared significaba un zapatillazo de tu madre. Al final, cuando estabas hasta los huevos de ella terminabas por arrancarle los dedos uno a uno e intentar hacer pelotillas con ellos como si fuesen mocos para después dispararlos a modo de capirote.
Me encantaban. En clase las usaba para robar el folio al compañero. Al final terminaba con una regañina del maestro y con el cuerpo caliente cuando éste se chivaba a mis padres ¡Qué mamón!
Pedazo de pompas que se hacían con este chicle. Después salió el kilométrico que empezabas comiendo poco a poco y al final te entraba el ansia y te retabas a tí mismo a ver si eras capaz de metértelo entero en la boca. Con dos cojones lo conseguías. Eso sí, que nadie te preguntase nada porque a la primera palabra te salía un babote más kilométrico que el chicle.
Ostras, con estos chicles te dolía luego la mandíbula que daba gusto.
Esto molaba los dos primeros días. Cuando te dabas cuenta que no era como la plastilina y que solamente servía para atraer el polvo de los muebles y, como la mano loca, los zapatillazos de tu madre, lo guardabas en el fondo del cajón de los calzoncillos de tu hermano, para que le echaran a él la culpa.
Era asqueroso cuando se llenaba de pelos, pelusas y cosas varias...
¿Quién no ha dibujado un cipote con el Telesketch? Si venía tu madre le dabas a la ruletita de borrar y punto.
Nunca conseguí que me regalaran uno. Por eso creo que luego me desfogué con el Diseña la Moda.
El primer juego tocapelotas de verdad. Si querías tocar los cojones de verdad solamente tenías que darle al botón negro del hipotótamo a la máxima velocidad. Al final llegaba tu padre y rompía la prohibición de decir tacos para decir "Me tenéis hasta los cojones con el jueguecito". Ala, a guardarlo y a buscar otra manera de tocar los huevos. Eso sí, con las palmas de las manos más rojas que la camiseta de Osasuna.
Nos lo regalaron a mi hermano y a mi por unos Reyes y como éramos tan cafres le partimos la palanquita. Sin ella el juego no tenía mucho sentido.
Este también era de la serie juguete "tocapelotas", sobre todo cuando estaba tu padre viendo una peli del oeste y te liabas a meter la cabeza del payaso dentro de la cámara una y otra vez, sin parar. Aquel ruidito "mic mic", parecido al del Correcaminos convertía a tu padre en un Coyote. Más te valía dejar la camarita encima de la mesa e irte a tocar los huevos a otra parte. Ayyyyyyyyyyyyyy, me encantaba esta cámara. Creo que la mía era roja. Buff, ya no me acuerdo :-S
Estas venían con los yogures y su única misión en la tierra era la de ver si eras capaz de lanzarlo más lejos que tu compañero de pupitre. Al día siguiente ya no sabías donde estaba, y tampoco te importaba.
Jajaja, con este juego cobré, como con todos los juegos que he tenido. Al final siempre terminaba con el culo caliente. Pero no era para menos. Me pegué la ventosita esta en la frente y me salió un morado que parecía que me habían dado un calamonazo contra la pared.

Te duraba el cacharrito lo que le daba tiempo a tu madre a darse cuenta de que te habías gastado todo el bote de champú. Después del zapatillazo, te escondía el saca pompas y te tocaba hacer los deberes sí o sí.
Cuando le metías Mistol las pompas no eran tan grandes :-(

Nunca tuve uno y siempre me quedé con ganas de saber cómo cojones se partía la puta varita en dos.
Me lo regalaron y en qué momento. ¡Qué manía le cogí! No sabía hacer nada con él jaja.
Los chicos duros no jugábamos con este par de maricones. A no ser que la vecina del cuarto a la que ya le empezaban a crecer las tetitas te invitase a tu casa a jugar un ratito. Entonces tú le decías que ella era Pin y tú eras Pon. Pero casi nunca colaba así que te tocaba hacer los cuartos de baño de la casita de estos dos.
Yo tuve de estos pero al final siempre terminaba jugando con los soldaditos, los coches, el scalextric o el tren eléctrico.
Los que teníamos mal perder lo solucionábamos todo tirando de la palaquita de abajo justo cuando nos iban a ganar. Se iban todas las fichas a tomar por culo y tu colega se quedaba con cara de "Jo, te iba a ganar".
Este tampoco lo tuvimos, pero no hacía falta. Mi prima tenía uno y cuando íbamos a su casa le hacíamos echar humo.
¡Dios! ¿Habéis intentado alguna vez hablar como hablaba aquel tío del bigote que anunciaba los Micro Machines? Ese sí que era el puto amo. "Sinosonmicromachinesnosonlosauténticos". Si no lo has dicho en cero coma cinco segundos eres un puto cacas.
Eran geniales. Sobre todo cuando subíamos los soldados de plástico dentro de los coches. Igual hacías batallas que carreras con ellos.
El color carne era el puto amo de los colores. No había dibujo que no cobrase vida con aquel color ¿Quién tuvo la caja de veinticuatro?
Hoy se parte una cera y los niños te piden otra caja. Nosotros hasta que no se terminaba la caja no nos compraban otra, así que ahí nos veíamos haciendo borrones hasta que pintábamos con la uña.
El primer día fardabas de estuche como un campeón. A la semana ya se te había perdido el borra. Al mes el cartabón estaba partido por un lado y a la escuadra le faltaba la punta. Y al final del curso ya ni te lo llevabas a clase porque solamente te quedaba vivo el lapicero de color blanco ¿Quién coño pintaba con el blanco?
Las reglas siempre se partían y el estuche por dentro terminaba negro.
Aquí, el puto rey de los escenarios clickianos era el Barco Pirata. Al final de tanto jugar con los clicks se nos quedó complejo de mano de playmobil. Y si no, obsérvate cada vez que sujetes un cubata. Inevitable.
Lo tuve todo salvo el Barco Pirata. Todas mis pagas de fin de semana y las de mi hermano las destinábamos a comprar muñecos y accesorios de playmobil. Lástima que en un arrebato de mi madre de los de ¡Nos va a comer la mierda! y tras varias amenazas para que los recogiéramos los Playmobil terminaron en la basura.
Este lo tengo en casa. Siempre me han gustado los uniformes xD